Contra el avance fascista, unión en la diversidad – 28J 2025

Frente a la ola reaccionaria y fascista que se extiende como un tsunami por todo el mundo, nos gustaría que acentuemos lo que nos une y demostremos visiblemente que hay alternativas para defender los Derechos Humanos de nuestra comunidad; y los de otras muchas minorías con las que interseccionamos.

Son muchas y muy diferentes las voces que podemos juntar en un grito común de afirmación colectiva. Y de entre ellas debemos saber priorizar para que se escuchen las más vulnerabilizadas

Especialmente hemos de facilitar que estas manifestaciones sean un altavoz para las voces de las mujeres trans, las de las personas intersex y las de las personas extrabinarias, que son actualmente las más señaladas con los dardos del odio. También las voces de quienes llegan a nuestra tierra huyendo de las suyas de origen para buscar un espacio seguro donde vivir, sin que su orientación afectiva-sexual, su identidad o expresión de género o sus características sexuales sean motivo de exclusión, persecución, condena o, en los perores casos, de riesgo para su vida.

Buscamos la unidad de acción y defender la diversidad como característica distintiva del movimiento LGBTIAQ+ frente al cisheteropatriarcado, clasista, endosexista, edadista, capacitista, antifeminista, racista y xenófobo que alimenta el binarismo uniformizador. Por ello, ni nosotres desde el Observatorio, ni ninguna otra organización o plataforma aisladamente, podemos atribuirnos la representatividad global de nuestras comunidades.

Resulta incongruente y pretencioso abanderar la diversidad y a la vez fomentar una cultura de la exclusión. Por ello, la línea roja para actuar en conjunto la ponemos en el respeto mutuo y en la defensa de los derechos humanos, sin que tengamos que ocultar la evidente heterogeneidad de nuestros colectivos, de nuestras organizaciones formales o informales y de nuestras propias personas, que evidencian la plural riqueza de las disidencias sexuales y de género.

El Orgullo o es colectivo y diverso, o no es Orgullo.

Se convierte en una exhibición de privilegios personales y de determinados colectivos.

Nos parece interesante recordar los motivos que impulsaron las primeras marchas en las que personas LGBTIAQ+ se hicieron visibles en las capitales vascas.

Un guiño a nuestra Memoria Histórica para subrayar que los derechos cuesta conseguirlos y es muy fácil perderlos, si no los protegemos.

Volvemos a ser peligrosas sociales

 

25 de noviembre de 1977, en Bilbao, con motivo de la muerte en una celda de castigo de la cárcel de Basauri de María Isabel Gutiérrez Velasco, una mujer que ejercía la prostitución, se llevó a cabo una manifestación pidiendo la derogación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Esta ley, heredera directa de la Ley de Vagos y Maleantes, consideraba peligrosas a todas las personas que ejercían la prostitución, que realizasen actos homosexuales, o mendigasen, entre otras. La manifestación, donde las prostitutas tuvieron un destacado papel, fue promovida por la Coordinadora de Marginados, que englobaba a EHGAM (Euskal Herriko Gay Askapen Mugimendua), Juventud Gay de Euskadi (JGE), Asamblea de Mujeres de Vizcaya (AMV), Objetores de conciencia y la Coordinadora de Presos en Lucha (COPEL). 

El 12 de junio de 1979, en Donostia, la protesta tuvo por detonante otra muerte, la del cantante y transformista Vicente Vadillo Santamaría conocido como ‘Francis’, asesinado de un balazo en la cabeza en el club Apolo en el barrio de Iztieta de Errentería por el policía nacional Antonio Caba Laguna. El asesino fue condenado a 9 meses de prisión y nunca llegó a entrar en la cárcel.  Sin palabras.

El 28 de febrero de 1994, en Vitoria, sin consultar a su partido, el ex regidor vitoriano José Ángel Cuerda Montoya aprobó un decreto de Alcaldía que puso en marcha el registro municipal de parejas de hecho en esta ciudad. Fue el punto de partida del movimiento LGBTIAQ+ en Vitoria-Gasteiz. Tuvo tal repercusión internacional esta decisión que, el entonces Papa, Juan Pablo II, preguntado por la cuestión, la calificó como un intento de «legitimar el desorden moral». Algo que nos suena muy actual en estos tiempos en los que las leyes que nos reconocen derechos o no se desarrollan o se ven modificadas y amputadas en sus propuestas más progresistas. O en los que proliferan por todo el mundo leyes claramente lgbtiaq+fóbicas y represivas.

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